jueves, 10 de octubre de 2013

Liderar equipos de personas.

Nadie dijo que llevar un grupo de personas fuera fácil... pero cada vez contamos con más información y recursos que nos ayudan a afrontar este tipo de situaciones.

Hoy sabemos que para dirigir un grupo de trabajo es fundamental reconocer que ese grupo se compone de personas y no de simples peones como en la época industrial. Luego, ese grupo funcionará a partir de múltiples relaciones personales. Quien esté a cargo de estos profesionales deberá contar con un amplio abanico de habilidades sociales, una elevada inteligencia emocional y una muy buena capacidad de resolución de conflictos.

Tips para liderar de forma óptima:

- Conocer a los compañeros de trabajo: sus ideas, sus opiniones, sus necesidades, sus problemáticas, etc. Del mismo modo que observamos y evaluamos una pieza de un motor que no funciona para comprender qué está fallando, deberíamos preguntarnos por qué una persona de nuestro equipo no parece trabajar todo lo que debiera.
Algunas preguntas que pueden ayudarnos:
  1. ¿Siente motivación por su trabajo?
  2. ¿Qué preocupaciones laborales tiene?
  3. ¿Qué necesidades?
  4. ¿Tiene la formación suficiente?
  5. ¿Existe algún conflicto entre compañeros?
  6. ¿Se siente valorado?
  7. ¿Conozco su opinión sobre la tarea que estamos llevando a cabo?

- Realizar críticas constructivas y no destructivas:
"¿Ese trabajo te ha costado tanto tiempo? Pareces un principiante."
"Estaría bien que trataras de mejorar el programa. Necesitamos que se haga en menos tiempo"
Es positivo que sepamos decir lo que no está bien hecho, pero siempre de una forma asertiva. El mecanismo es simple: apuntar qué está mal concretamente y, si es posible, cómo podría ayudar a resolverse. Sin calificativos, sin juzgar.

- Reforzar los aspectos positivos: Es importante saber decir qué no se ha hecho bien y por qué pero también lo es saber decir qué se ha hecho bien y felicitar por ello. Esto favorecerá que esa persona sepa que hace bien su trabajo, la línea por la que debe seguir trabajando y, por supuesto, elevará su autoestima y su motivación.

- Hacerles sentir parte del proyecto: cómo no tratamos con simples peones, es necesario que las personas sepan cuáles son los objetivos principales y las estrategias necesarias para las que están trabajando. Será fundamental hacerles participar en los proyectos; pedir opiniones e ideas, implicación y proactividad. Escuchar.

- Evaluar todas las piezas que hacen que funcione el engranaje: Cargar las responsabilidades de forma justa y equilibrada sobre cada una de ellas. Observar cómo puede mejorar cada parte para no tener que presionar únicamente sobre una de ellas.

- Compartir información: sobre técnicas para mejorar, sobre datos necesarios para ser más competitivo, sobre los demás departamentos, sobre la competencia, etc.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Relaciones viciadas

Entre las acepciones del verbo "viciar", en el diccionario de la Real Academia Española, se encuentran las siguientes:
  • Pervertir o corromper las buenas costumbres de vida.
  • Torcer el sentido de una proposición, explicándola o entendiéndola siniestramente.

Cuando una relación interpersonal se vicia se dan estos dos factores; 1. la relación ha dejado de ser lo que fue en un principio para entrar en una espiral de pensamientos y actos negativos hacia la otra persona 2. basados en malinterpretaciones de actos concretos.

Esta degradación suele darse en parejas sentimentales, pero también en relaciones familiares o laborales. 
Lo que suele ocurrir es que tomamos determinadas acciones del otro que no nos gustan y las extendemos a la totalidad de su persona. 
Por ejemplo, Pepe ha llegado tarde a su cita con María. Ella piensa que Pepe siempre llega tarde, que no la tiene en cuenta, que es un egoísta y un desconsiderado... pensamientos que van incrementando el malestar y el enfado. Otro ejemplo, Marta está trabajando en su ordenador, Juan le hace una pregunta y ella no contesta. Juan piensa que a ella sólo le importa su trabajo, que nunca le hace caso, que lo ignora, que no lo quiere, etc. Como consecuencia aumenta su tristeza. 
Si nos dejamos llevar por estos pensamientos nuestras acciones se verán influenciadas y obtendrán consecuencias sobre la relación con el otro.

Cuando extrapolamos determinados actos a la totalidad de la persona actuamos en base a este principio y todo lo que hace esa persona es "porque es malo", "porque me quiere hacer daño", "porque pasa de mí",... y obviamos parte de la realidad. Por ejemplo, Pepe ha llegado tarde porque se ha encontrado a su amigo de la infancia, que tanto tiempo hacía que no veía, y no porque tuviera una intención expresa de faltar a su cita con María. Con el tiempo, el comportamiento hacia el otro se vicia, y actuamos siempre enfadados, a la defensiva, esperando los ataques del otro, etc. Obviamente la otra persona responde en base a este comportamiento y a sus propios pensamientos. Finalmente, las muestras de cariño y los buenos momentos van desapareciendo.

Estos pensamientos tienen lugar cuando:
- la relación tiene un alto nivel de compromiso y exigimos lo que creemos merecer
- hemos tenido experiencias previas desagradables
- nos fijamos exclusivamente en lo negativo, obviando parte de la información
- damos por supuestos pensamientos de la otra persona, aunque ésta no lo haya manifestado
- no expresamos de forma asertiva lo que ese acto que nos ha molestado nos ha hecho sentir

Evidentemente hablamos de situaciones que por sí mismas no están evidenciado faltas de respeto, humillaciones, malos tratos o cualquier acto que pueda causar daño físico o psicológico. Por el contrario, se trata de distinguir aquello que realmente estamos malinterpretando y de hacer saber al otro cómo nos ha hecho sentir, siendo capaces ambos de llegar a acuerdos aceptables para los dos.

Si únicamente valoramos el acto y expresamos nuestro malestar de forma asertiva ("que hayas llegado tarde me ha hecho sentir que te has olvidado de mí"), damos la oportunidad al otro de dos cosas importantes: de que se explique y de que nos comprenda.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mar adentro Vs. La escafandra y la mariposa.

Supongo que la mayoría habréis oído hablar de estas dos películas. Ambas se basan en la historia real de dos personas que ven interrumpidas sus vidas por un acontecimiento que, aunque diferente en cada caso, termina dejando sus cuerpos inmóviles para siempre.
Para los que no sepáis de qué películas estoy hablando, podéis consultar la sinopsis de Mar adentro aquí y la de La escajandra y la mariposa aquí.














Siendo los dos casos tan parecidos, cada uno de ellos toma una decisión completamente diferente; terminar con el sufrimiento a la vez que con su vida en un caso, y evadirse de la situación creando otros mundos mediante la imaginación en el otro. Ambas decisiones son igualmente respetables. Ninguna es mejor o peor que la otra. Simplemente cada uno escogió el camino que consideró más adecuado en base a sus sentimientos, experiencias o creencias.


Este tema ha generado numerosos debates pero esa no es la intención de esta entrada. La idea que pretendo plasmar aquí es que no existen decisiones correctas o incorrectas, sino interpretaciones muy variadas que nos llevan tomar determinadas direcciones. Estas interpretaciones se basan en las experiencias y en la biología de cada persona y determinarán los gustos, el carácter, las creencias, la autoestima, etc. Resultaría muy difícil tomar una decisión por un tercero sin tener en cuenta la totalidad de los datos que conforman su vida.
Cada persona interpreta la situación dependiendo de sus experiencias y su biología.

Todas las personas deben ser libres para decidir sobre sus propias vidas, sobre su orientación, su ocupación, su ideología o tantísimas otras cosas que competen tan sólo a uno mismo. Sin embargo en ocasiones esto no se cumple, pero hay dos máximas que todos deberíamos respetar:

- Nadie tiene la propiedad sobre nadie. Algunos se creen con el derecho de manejar a otros, con violencia o no, creyendo que se hace el bien o con intención de dañar, pero con el mismo fin de dirigir la vida de los demás.
- Buscar la respuesta en nosotros mismos. A veces nos resulta difícil decidir sin pedir ayuda o directamente delegamos nuestras responsabilidades, por inseguridades, por miedo, etc. Pero al final cada uno está en su propio carril y se topa con obstáculos que deberá afrontar él sólo.

Considero que sólo hay dos límites a la libre elección: el daño a un tercero o el daño a uno mismo sobre el bien físico o psicológico.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ansiedad; cuando nos instauramos en el futuro.

En la línea temporal de nuestra vida podemos mantener la atención en el pasado, sintiendo la nostalgia de lo que un día tuvimos y actuando a través de la melancolía. Podemos atender a las necesidades del presente, viviendo el aquí y el ahora. O bien podemos focalizarnos en el futuro, adelantándonos a posibles acontecimientos adversos y dejándonos llevar por el miedo.
Es difícil permanecer continuamente en el presente porque determinadas experiencias pueden mover nuestras emociones hacia diferentes recuerdos o imaginaciones. Es algo natural que no podemos reprimir. Sin embargo, debemos saber volver a situarnos en el presente para poder atender a aquello que realmente nos importa.

Ansiedad

Cuando una persona se instaura en el futuro su mente se nubla de preocupaciones excesivas, a veces absurdas, orientadas a un posible peligro. Si estamos en este estado nos resultará difícil controlar las preocupaciones y cada vez trataremos de prevenir cuestiones de menor importancia. Además, cómo ya señalamos aquí todos estos pensamientos irán acompañados de una activación fisiológica: tensión muscular, alteraciones del sueño, inquietud.

Evolutivamente el miedo corresponde a una respuesta adaptativa que nos permite reaccionar ante situaciones peligrosas, como el ataque de un animal salvaje. No obstante, los humanos de hoy tenemos miedo de situaciones que en realidad no conllevan ningún peligro, por lo que la respuesta ha dejado de ser adaptativa y, muy al contrario, se han convertido en conductas evitativas.


La ansiedad es uno de los trastornos más comunes. El porcentaje de personas que padecerán en algún momento de su vida algún trastorno de ansiedad asciende al 9.39%, siendo casi el doble en las mujeres que en los hombres. 


Dentro de los trastornos de ansiedad existe una gran variabilidad: trastorno de angustia con agorafobia, sin agorafobia, ansiedad generalizada, fobia social, agorafobia, fobias específicas o trastorno obsesivo-compulsivo. Cada uno de ellos tiene sus características específicas pero todos comparten el miedo que ante posibles peligros.

En ocasiones nuestro cuerpo nos avisa mediante señales como fuertes palpitaciones, tensión muscular, dolor de cabeza,... y ésto nos crea confusión porque no identificamos ninguna posible causa médica y tampoco somos capaces de relacionar el malestar físico con el psicológico. En estos casos una orientación psicológica adecuada puede ser beneficiosa para que conozcas qué subyace al malestar físico y para reorientar tus pensamientos, emociones y actos en el presente de tu linea temporal.