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miércoles, 12 de febrero de 2014

Enfrentarse al miedo o salir de la zona de confort.

En ocasiones tenemos la fortuna de disfrutar de experiencias inesperadas, que no entraban dentro de nuestros planes y que si las hubiéramos imaginado en otro momento no esperaríamos haber actuado como realmente lo hemos hecho.

La vida nos pone ante circunstancias que requieren de una respuesta inmediata. Si en frío nos planteamos cómo afrontaríamos una situación nueva y complicada nuestros pensamientos nos llevarían directamente hasta nuestros miedos e inseguridades más profundas; "yo no podría hacer eso", "nunca podría superar una situación así", "no soy lo suficientemente fuerte",... Sin embargo, cuando nos encontramos frente a unos acontecimientos que exigen una acción por nuestra parte no nos queda más remedio que enfrentarnos a ello y tomar una dirección. Si escogemos dejarnos llevar por nuestros pensamientos o emociones, lo más probable es que nos paralicemos o que no afrontemos los hechos con éxito. No obstante, todas las personas disponemos de diferentes recursos internos y externos que nos pueden ayudar a superar el suceso en cuestión.
  • Por recursos externos nos referimos a aquellas ayudas que no dependen de nosotros, provienen de fuera: apoyo social (familia, amigos), institucional (servicios sociales, educación, sanidad) o material (economía, hogar, objetos que nos facilitan la vida).
  • Por recursos internos entendemos aquellos puntos fuertes personales que nos permiten adaptarnos y afrontar con éxito nuestro día a día: habilidades sociales, resiliencia, salud, simpatía, autocontrol, etc.
Es posible que no conozcamos todos los recursos de los que disponemos y que el hecho de tener que responder a una situación concreta haga que recuperemos esa herramienta escondida. Todos tenemos un amplio abanico de recursos disponible, sólo debemos encontrar el momento adecuado para ponerlos en marcha y entrenar su manejo para mejorar su uso y aplicación.

Me gustaría poner un ejemplo:

"Por primera vez me propuse escalar una montaña. Es algo que nunca antes me había planteado. Sólo pensarlo me imaginaba la altura, la alta probabilidad (sólo plausible en mi cabeza) de caerme, o a mí misma paralizada sin poder avanzar hasta la cumbre. El simple hecho de dar el paso y tomar la determinación de emprender esa aventura es la decisión más importante para que todo lo demás vaya rodado. Una vez que has empezado es más difícil dar marcha atrás. Aún así, a medio camino pueden aparecer obstáculos que reactiven nuestras inseguridades más arraigadas: no encontrar un buen apoyo para los pies, pensar que el arnés y la cuerda no son un buen método de seguridad, una pared un poco más inclinada de lo esperable, no confiar lo suficiente en mi equilibrio o en mi fuerza, observar con angustia todo lo que aún queda por recorrer.No obstante desde el primer momento en que opté por escalar todos los recursos de los que yo disponía se pusieron en marcha: mi entorno social me animó, se encargó de recordarme mis fortalezas, de asegurarme que estarían allí para apoyarme. Además disponía de un buen mecanismo de seguridad que me sujetaba e impedía que cayera precipitadamente. En el tramo en que más insegura me sentía tuve fuertes intenciones de tirar la toalla, de retroceder y darlo por imposible. Sin embargo, ese momento fue cuando más refuerzos recibí: me animaban a seguir, me aseguraban que me veían capaz de continuar, me aconsejaban en qué lugar podría apoyarme mejor, qué movimientos facilitarían mi recorrido. Este apoyo social, que es fundamental, me ayudó a desactivar mis miedos y activar todos mis recursos personales: mi capacidad física, la confianza en mí misma, la necesidad de superación, la exigencia, la voluntad, la motivación, el deseo de ver cumplido mi objetivo,...Llegué al final de mi camino, emocionada por haber cumplido algo que para mí suponía un reto personal, cumplí mi meta y no hay nada más satisfactorio que llevar a término nuestros propósitos."
icaro 


Evidentemente, mejorar la técnica y los resultados implicaría motivación, constancia y voluntad pero el paso más difícil es tomar la firme decisión de empezar.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ventajas de comunicarse asertivamente

La forma en la que nos comunicamos puede ayudar o entorpecer nuestras relaciones sociales. No todas las personas tienen la habilidad de saber comunicar lo que sienten, lo que necesitan o lo que piensan sin dejarse llevar por sus emociones. Saber hacerlo supone una gran ventaja para poder expresar lo que realmente queremos reclamando nuestros derechos y el respeto que creemos merecer.
Existen 3 estilos de comunicación:

- Agresivo: las personas que se comunican de forma agresiva descargan toda la tensión sobre los demás, sin tener en cuenta los sentimientos y los derechos de los demás. Únicamente tienen en cuenta sus necesidades y expresan ira o enfado cuando creen que no se les ha respetado. Sin embargo, se manifiestan de forma inapropiada y violan los derechos de los demás causando numerosos conflictos interpersonales.
  • Expresión verbal: fluida, interrumpe, volumen elevado, amenazas.
  • Comunicación no verbal: mirada fija, enfrentamiento, postura amenazante, etc.
  • Pensamientos: sólo importo yo, los demás me dan igual. En la vida se gana o se pierde. Las personas malas deben ser castigadas.
  • Sentimientos/emociones: ansiedad, soledad, falta de control, enfado, sensación de incomprensión.
- Pasivo/sumiso: el estilo de comunicación sumiso no permite expresar lo que realmente se quiere, se necesita o se piensa. Estas personas se justifican continuamente, piden disculpas y muestran falta de confianza en sí mismos. Es difícil comprender lo que realmente están diciendo, lo que generará frustraciones y afectará a las relaciones sociales. A menudo, estas personas permiten ser dominadas, causando un detrimento en su autoestima.
  • Expresión verbal: poco fluida, entrecortada, el volumen es bajo. Realizan expresiones como "quizás", "supongo". etc.
  • Comunicación no verbal: rehuir la mirada, tener una postura recogida, movimientos nerviosos, etc.
  • Pensamientos: no molestar, no ofender, agradar a los demás, sentirse manipulado, etc.
  • Sentimientos/emociones: impotencia, culpabilidad, ansiedad, etc.


- Asertivo: permite "expresar los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos del individuo de una manera adecuada a la situación, respetando aquellas conductas en los demás y resolviendo los problemas inmediatos de la situación mientras se minimiza la probabilidad de problemas futuros." Vicente E. Caballo. Estas personas pueden expresarse sin ansiedad ni culpabilidad, haciéndose respetar y respetando a los demás. Como consecuencia tendrán relaciones sociales y autoestima equilibradas.
  • Expresión verbal: directa, firme, fluida, sin vacilaciones.
  • Comunicación no verbal: contacto ocular, postura relajada, gestos firmes.
  • Pensamientos: conocen sus derechos y los de los demás. Convicciones racionales.
  • Sentimientos/emociones: satisfacción, control emocional.
Los estilos de comunicación tienen sus raíces en el aprendizaje adquirido durante la infancia, mediante la observación a personas de referencia (padres, profesores, etc.) o mediante el resultado de la propia experiencia. Diferentes problemáticas de carácter psicológico o biológico o el estado emocional también pueden influir.

En cualquier caso, la asertividad se considera una habilidad que se puede entrenar. Y como cualquier habilidad, no es suficiente con conocer la teoría, es necesario practicar y practicar hasta que las nuevas pautas formen parte de nuestro repertorio conductual.

Los tratamientos enfocados en el entrenamiento en habilidades sociales intentan enseñar las técnicas más adecuadas para enfrentarse a diferentes situaciones sociales de forma adecuada. Estas técnicas se aprenderán mediante instrucciones, modelado, auto-observación  reforzamiento, role-playing etc. En este caso, la terapia de grupo resulta muy adecuada ya que observar comportamientos de otras personas y ser observado y reforzado enriquece y facilita el aprendizaje.

Una técnica que puedes realizar en tu casa cuando has vivido situaciones en las que no has actuado como te hubiera gustado es la siguiente:
  1. Describe el comportamiento que te ha producido sentimientos negativos.
  2. Expresa esos sentimientos negativos
  3. Propón alternativas que mejoren la situación y tus sentimientos.
Cuando lo tengas claro, puedes usar la técnica en cada situación para defender tus sentimientos de una forma asertiva.

¿Sabes cuales son tus derechos asertivos?
  1. Respeto y dignidad
  2. Tener/expresar sentimientos y opiniones
  3. Ser escuchado y tomado en serio
  4. Juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis decisiones
  5. Decir NO sin sentirme culpable
  6. Pedir lo que quiero, dándome cuenta de que pueden decir no.
  7. Cambiar
  8. Pedir información y ser informado
  9. Obtener aquello por lo que pagué
  10. Decidir no ser asertivo
  11. Ser independiente
  12. Decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc, sin violar los derechos ajenos.
  13. Tener éxito
  14. Gozar y disfrutar
  15. Descansar, aislarme
  16. Superarme, aun superando a los demás

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El control

Desde pequeños nos han inculcado la importancia del control. En nuestros esquemas mentales está muy presente la necesidad de comprobar que todo esté correcto y de dominar cualquiera de las áreas de nuestra vida para mantenerlas en un estado "normal", como nos han dicho que "debería ser".

La sociedad nos ha marcado un camino que a pesar de ser el "normal" resulta bastante estricto e intolerante con lo que en realidad es natural. Por ejemplo, desde nuestra tierna infancia nos han repetido con gran empeño que no debemos llorar, cuando después de habernos dado el gran porrazo contra el suelo sería lo más natural porque nos hemos asustado, no nos lo esperábamos y además duele. Otro ejemplo, conocemos las normas de conducta, los protocolos para comportarse correctamente ante otras personas, una simple desviación puede resultar en la terrible etiqueta de "el raro". Más ejemplos, una vida normal consta de una familia feliz compuesta de un matrimonio con hijos, una salud envidiable, una silueta perfecta, etc. ¿Cómo no sentirse triste si nos falta algo de tan larga lista de requisitos?

En ciertas áreas de la vida el control es útil, nos ayuda a planificar y crear estrategias para solucionar problemas. Sin embargo, como indican los psicólogos Kelly G. Wilson y M. Carmen Luciano Soriano "cuando nos hacemos demasiado dependientes del control planificado, todo nos parece un problema para ser solucionado". Es entonces cuando nos adentramos en una espiral sin fin en la que no terminamos nunca de dar con la solución simplemente porque "no todo es un problema que necesita ser resuelto", hemos enmarcado mal la situación.

Quizá está metáfora pueda ayudar a comprender la problemática de querer analizar, dominar y controlar algo que debería ser fluido y natural:
Una hormiga quedó fascinada por los andares del ciempiés; tan largo y tantos pies y conseguía andar de forma coordinada y elegante a la vez. La hormiga decidió preguntarle cómo conseguía caminar así de bien. El ciempiés, que hasta ahora no se había planteado tal cuestión, empezó a preguntarse qué pies movía primero y cuáles después, qué movimiento resultaba más eficaz, por qué debía ser así y no de otra manera,... Hasta que finalmente dejó de caminar.

Determinados eventos simplemente deben ser percibidos, observados y aceptados. No pretendo exaltar una actitud de resignación, sino simplemente saber diferenciar entre aquello que se puede controlar y aquello que no se puede controlar. A veces debemos parar y reflexionar no tanto sobre si nos hemos esforzado lo suficiente en solucionar un problema, sino en si realmente éso es un problema. ¿Hemos formulado bien la pregunta? ¿hemos enmarcado adecuadamente la situación? 

La lucha contra las soluciones que no existen simplemente va a impedir que avancemos en nuestra vida, ocupando nuestro valioso tiempo en tareas imposibles y  entorpeciendo la satisfacción de lo que realmente nos importa.