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miércoles, 9 de septiembre de 2015

"Mi hijo no es de mi propiedad"

No es raro, oir decir a los padres 'cuando mis hijos sean adultos ya decidirán por sí mismos pero mientras vivan bajo mi mismo techo decidiré yo por ellos.' 

La mayoría de estas personas desean lo mejor para sus hijos. Sin embargo, muchas veces los padres trasladan sus miedos, gustos, preocupaciones, ideologías... sin darse cuenta de que sus hijos son seres independientes que deben descubrir por sí mismos quiénes son y el mundo que les rodea. Todos nacemos con un carácter determinado pero nuestra personalidad se moldea de acuerdo a la vulnerabilidad biológica pero también a la psicosocial, las experiencias vividas. Si pretendemos que sean como nosotros queremos, a nuestra medida, pueden aparecer frustraciones.
Ya sea desde una educación permisiva o autoritaria, desde la más absoluta afectividad o negligencia, tener la percepción de que 'mi hijo es una cosa mía y voy a hacer con él lo que yo quiera' favorece la aparición de múltiples relaciones paterno-filiales patológicas; desde la dependencia emocional hasta el maltrato. Enrique García (García, Enrique (2002). El maltrato infantil en el contexto de la conducta parental: percepciones de padres e hijos. Psicothema. Vol. 14, nº2, pp. 274-279) detectó que los padres inmersos en una situación de riesgo de maltrato hacia sus hijos percibían las relaciones con un pobre énfasis en la independencia y el logro como metas del desarrollo y el clima familiar como una estructura rígida con altos niveles de control. En estas relaciones en riesgo podemos ver un claro signo de una percepción perjudicial de la relación paterno-filial, que no permite la independencia de los hijos ni mantiene un clima flexible.

padre y hijo varónMuchos pueden pensar que no controlar a los hijos, no tratar de imponerles gustos, ideas, religiones,...es sinónimo de fracaso. Pero lo que yo pretendo trasladar aquí es que no percibir a los hijos como propiedades de los padres, no debería estar reñido con la idea de que los padres deben servir de guías, de orientadores. Y esta es la verdadera y más difícil tarea de éstos. Los niños deben tener referentes en los que fijarse para desarrollarse psicosocialmente; referentes morales, orientadores saludables, que traten de mostrar qué es la responsabilidad, la educación, la estabilidad, qué está bien y qué no... Para ello será necesario corregirles, reforzarles, castigarles pero también ofrecerles apoyo y transmitirles afecto.
La cuestión más importante es que los padres deberán ser los mejores orientadores que permitan a sus hijos descubrir quiénes son sin perder el rumbo que les mantenga en armonía consigo mismos y con la sociedad.

Propongo un sencillo ejercicio para 1) tratar de darnos cuenta de aquellas acciones que realizamos que impiden que nuestros hijos sean independientes y 2) para proponer otras que sí lo favorezcan:

Confieso: 
  • Temo que mi hijo se pierda en el camino.
  • Me gustaría que evolucionase como yo quiero y que su ritmo sea el que a mí me guste.
  • Quisiera tenerle siempre a mi lado y temo que algún día se separe de mí. 
  • Quisiera que tuviéramos las mismas ideas políticas y religiosas.
  • Temo que se relacione con alquien que a mí no me guste.
  • No quiero que sufra por algo por lo que yo creo que no merece la pena. 
  • No me gustaría que luchase por algo que a mí no me parece importante.
Y por eso cada vez que mi ego impida crecer a mi hijo debo repetirme 'mi hijo no soy yo y tampoco es de mi propiedad'. Por ello...

Prometo: 
  • Dejarle pensar por sí mismo.
  • Permitirle relacionarse con los demás.
  • Dejar que pruebe, que aprenda y que se equivoque.
  • Permitirle que se enfade.
  • Alegrarme por sus triunfos aunque yo no haya formado parte de ellos.
  • Aceptar su identidad, su personalidad y sus emociones.
  • No exigir ser la única partícipe de su educación.
  • No transmitirle mis miedos e inseguridades.
 

miércoles, 16 de abril de 2014

Autoestima

La autoestima se encuentra en la base de nuestra psique. Una buena autoestima va a determinar el bienestar con nosotros mismos y con los demás, cómo nos relacionamos y afrontamos los conflictos.

Para entender la autoestima es necesario conocer el autoconcepto. Esto se refiere a la imagen que tenemos de nosotros mismos, responde a la pregunta de quién soy, sin entrar en valoraciones. Por otro lado, también desarrollamos el sentido de autoeficacia o la capacidad que creemos tener o no para enfrentarnos a los problemas. Y por último, es importante saber el respeto que tenemos por nosotros mismos, el autorespeto, si nos comprendemos y acepatamos, si nos consideramos merecedores de la felicidad, etc. Así, la autoestima es la valoración resultante de todo ello.

Diferentes niveles de autoestima
A las personas con una autoestima baja les resulta complicado salir de su zona cómoda y afrontar nuevos retos, se sienten inseguros y tienden a relacionarse con personas que pueden resultar dominantes.
Quienes tienen una buena y equilibrada autoestima confían en sí mismos y suelen unirse con personas con personas con una autoestima similar.
Sin embargo, no es bueno tener una autoestima muy elevada ya que estaríamos ante rasgos de narcisismo. Esto supone tener un sentido de la valía mayor del que corresponde lo cual afectará al modo en que se afrontan los conflictos y al modo de relacionarse.

¿Se puede modificar?
Es importante saber que no estamos hablando de una característica de la personalidad. Nuestra autoestima se forma a lo largo de nuestra vida; a través de la educación que recibimos, de los modelos de referencia que teníamos a nuestro alcance en la infancia, de las experiencias con las que tuvimos que interactuar, etc. Por tanto, es bueno saber que podemos modificarla y mejorarla. No obstante, requiere un profundo proceso de autoconocimiento.

Cómo intervenir
- Lo primero es darse cuenta de quién soy, observar la realidad, cómo interactúo con los demás, cómo afronto las adversidades, cómo reacciono en diferentes situaciones, etc.
- Aceptarme. Aceptar lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Identificar las cualidades, las debilidades y las fortalezas. Sin entrar en valoraciones, simplemente describiendo de forma precisa. 
- No minimizar lo positivo sino intentar desarrollarlo y sacar un mayor partido de ello e intentar cambiar, si se puede, lo negativo.
- El proceso de autoconocimiento implica exteriorizar la voz crítica. Ésa que nos machaca y nos dice lo torpes que somos y lo mal que lo haremos. Conociéndola es como podremos combatirla.
- Desarrollar una voz sana que nos permita pensar en términos realistas. Que refute a la voz crítica, que identifique los errores en los que se basa ese pensamiento derrotista, que refuerce la parte positiva,...
- Conocer la función de la crítica: ¿me está protegiendo de algo? ¿controla algún tipo de sentimiento? ¿promueve algún tipo de conducta?

Lamentablemente, no existe una fórmula mágica para aumentar la autoestima puesto que cada persona es diferente y única. Nadie conseguirá subirla con unas palabras bonitas o con un abrazo afectuoso, tampoco un coche, un título o una operación estética. Ojalá fuera tan fácil. Pero es algo que sí se puede cambiar y está en las manos de cada uno. Siempre que lo necesites puedes consultar con un profesional.

Referencias:

- Matthew McKay y Patrik Fanning. Autoestima: evaluación y mejora. Ed. Martínez Roca
- https://www.youtube.com/watch?v=VjG7Jiopss4

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ventajas de comunicarse asertivamente

La forma en la que nos comunicamos puede ayudar o entorpecer nuestras relaciones sociales. No todas las personas tienen la habilidad de saber comunicar lo que sienten, lo que necesitan o lo que piensan sin dejarse llevar por sus emociones. Saber hacerlo supone una gran ventaja para poder expresar lo que realmente queremos reclamando nuestros derechos y el respeto que creemos merecer.
Existen 3 estilos de comunicación:

- Agresivo: las personas que se comunican de forma agresiva descargan toda la tensión sobre los demás, sin tener en cuenta los sentimientos y los derechos de los demás. Únicamente tienen en cuenta sus necesidades y expresan ira o enfado cuando creen que no se les ha respetado. Sin embargo, se manifiestan de forma inapropiada y violan los derechos de los demás causando numerosos conflictos interpersonales.
  • Expresión verbal: fluida, interrumpe, volumen elevado, amenazas.
  • Comunicación no verbal: mirada fija, enfrentamiento, postura amenazante, etc.
  • Pensamientos: sólo importo yo, los demás me dan igual. En la vida se gana o se pierde. Las personas malas deben ser castigadas.
  • Sentimientos/emociones: ansiedad, soledad, falta de control, enfado, sensación de incomprensión.
- Pasivo/sumiso: el estilo de comunicación sumiso no permite expresar lo que realmente se quiere, se necesita o se piensa. Estas personas se justifican continuamente, piden disculpas y muestran falta de confianza en sí mismos. Es difícil comprender lo que realmente están diciendo, lo que generará frustraciones y afectará a las relaciones sociales. A menudo, estas personas permiten ser dominadas, causando un detrimento en su autoestima.
  • Expresión verbal: poco fluida, entrecortada, el volumen es bajo. Realizan expresiones como "quizás", "supongo". etc.
  • Comunicación no verbal: rehuir la mirada, tener una postura recogida, movimientos nerviosos, etc.
  • Pensamientos: no molestar, no ofender, agradar a los demás, sentirse manipulado, etc.
  • Sentimientos/emociones: impotencia, culpabilidad, ansiedad, etc.


- Asertivo: permite "expresar los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos del individuo de una manera adecuada a la situación, respetando aquellas conductas en los demás y resolviendo los problemas inmediatos de la situación mientras se minimiza la probabilidad de problemas futuros." Vicente E. Caballo. Estas personas pueden expresarse sin ansiedad ni culpabilidad, haciéndose respetar y respetando a los demás. Como consecuencia tendrán relaciones sociales y autoestima equilibradas.
  • Expresión verbal: directa, firme, fluida, sin vacilaciones.
  • Comunicación no verbal: contacto ocular, postura relajada, gestos firmes.
  • Pensamientos: conocen sus derechos y los de los demás. Convicciones racionales.
  • Sentimientos/emociones: satisfacción, control emocional.
Los estilos de comunicación tienen sus raíces en el aprendizaje adquirido durante la infancia, mediante la observación a personas de referencia (padres, profesores, etc.) o mediante el resultado de la propia experiencia. Diferentes problemáticas de carácter psicológico o biológico o el estado emocional también pueden influir.

En cualquier caso, la asertividad se considera una habilidad que se puede entrenar. Y como cualquier habilidad, no es suficiente con conocer la teoría, es necesario practicar y practicar hasta que las nuevas pautas formen parte de nuestro repertorio conductual.

Los tratamientos enfocados en el entrenamiento en habilidades sociales intentan enseñar las técnicas más adecuadas para enfrentarse a diferentes situaciones sociales de forma adecuada. Estas técnicas se aprenderán mediante instrucciones, modelado, auto-observación  reforzamiento, role-playing etc. En este caso, la terapia de grupo resulta muy adecuada ya que observar comportamientos de otras personas y ser observado y reforzado enriquece y facilita el aprendizaje.

Una técnica que puedes realizar en tu casa cuando has vivido situaciones en las que no has actuado como te hubiera gustado es la siguiente:
  1. Describe el comportamiento que te ha producido sentimientos negativos.
  2. Expresa esos sentimientos negativos
  3. Propón alternativas que mejoren la situación y tus sentimientos.
Cuando lo tengas claro, puedes usar la técnica en cada situación para defender tus sentimientos de una forma asertiva.

¿Sabes cuales son tus derechos asertivos?
  1. Respeto y dignidad
  2. Tener/expresar sentimientos y opiniones
  3. Ser escuchado y tomado en serio
  4. Juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis decisiones
  5. Decir NO sin sentirme culpable
  6. Pedir lo que quiero, dándome cuenta de que pueden decir no.
  7. Cambiar
  8. Pedir información y ser informado
  9. Obtener aquello por lo que pagué
  10. Decidir no ser asertivo
  11. Ser independiente
  12. Decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc, sin violar los derechos ajenos.
  13. Tener éxito
  14. Gozar y disfrutar
  15. Descansar, aislarme
  16. Superarme, aun superando a los demás