miércoles, 24 de abril de 2013

La influencia de los pensamientos

Existe una relación entre los pensamientos, las emociones y la conducta. Todo los pensamientos que rondan por nuestra cabeza, las interpretaciones que hacemos de todo aquello que nos pasa, afectan a nuestras emociones, altera nuestro ánimo de forma agradable o desagradable, y esto lo notamos porque va acompañado de sensaciones corporales. Y según como nos sintamos actuaremos. Haremos actividades con más o menos implicación por nuestra parte o actividades más activas o pasivas. Por otro lado, estas mismas acciones que nosotros realizamos también repercutirán en nuestros pensamientos, pues los confirmarán o desconfirmarán.

Vamos a hacer un ejercicio. 
Para ello tienes que hacer un pequeño esfuerzo, no leas simplemente, trata de adentrarte en las situaciones que te voy a exponer: 

- Imagínate que vas conduciendo por la autopista y de pronto ves en el lateral derecho de la calzada un coche parado y unos pocos metros hacia adelante ves una moto en el suelo, muy cerca puedes ver el cuerpo de una persona estirado en el suelo, no puedes verle la cabeza porque lleva el casco puesto, pero parece que el cuello está dislocado, no se mueve. Cierra los ojos e imagínatelo.

¿Cómo se te ha puesto el cuerpo? ¿qué sensación te ha provocado pensar en esta historia? Ni si quiera lo has visto, pero el simple hecho de reflexionar sobre ello provoca sensaciones de malestar; un nudo en el estómago, escalofríos, frunces el ceño,... 

Ahora respira profundamente, recupérate. 

- Cierra los ojos de nuevo, imagínate que estás sentado en la arena de una playa desierta. Sientes la suave brisa sobre tu piel y escuchas el vaivén de las olas. De repente notas una suave caricia sobre tu brazo derecho. Cierra los ojos e imagínatelo.

¿Qué has notado ahora? ¿Te resulta agradable? ¿Sientes bienestar?

Como vemos las emociones van íntimamente ligadas a las reacciones corporales, así que una buena forma de detectar aquellos pensamientos que nos hacen daño es fijarnos en esas sensaciones somáticas; expresión facial, tensión corporal, sudoración, dolor de cabeza, nudo en el estómago, palpitaciones, etc.

Esto tan son sólo dos ejemplos de la capacidad que tenemos para provocarnos diferentes emociones. Pero cada día aparecen nuevas ideas, pensamientos o interpretaciones. Unos tienden más a ver las cosas de forma positiva y otros a verlas de forma negativa.

¿Qué está haciendo que algunas personas tengan pensamientos de tipo negativo?

Tenemos la tendencia a realizar una abstracción selectiva, es decir nos fijamos en unos detalles concretos y obviamos todo lo demás. Cuando estamos empecinados en demostrar lo mal que nos va todo dejamos de darnos cuenta de lo bueno que nos rodea. Y el hecho de realizar está abstracción nos confirma nuestros pensamientos negativos. 

Ejemplos:
- Me ha salido mal un examen: me centro en este hecho para confirmar mi idea de que "todo me sale mal y no sé hacer nada bien", obviando el buen trabajo que hice para aquella otra asignatura.
- Me he peleado con mi pareja: me centro en este hecho para confirmar mi idea de que "nunca me llevaré bien con nadie y estaré siempre sola", obviando la buena relación que tengo con mi amistades.
- Se me ha quemado la comida: me centro en este hecho para confirmar mi idea de que "no sé hacer nada bien, no valgo para nada", obviando lo bien que se me ha dado cocinar otras veces, o lo bien que se me dan otras cosas, como ser trabajadora, ordenada, puntual, ser buena madre, etc.


Estamos rodeados de pequeños detalles preciosos y a veces no nos fijamos en ellos, pero están ahí. Sólo hay que prestarles atención.



Otras veces hacemos atribuciones erróneas, por ejemplo atribuimos nuestros logros a factores externos (he tenido suerte), específicos (sólo me sale bien esto) e inestables (sólo esta vez). De esta forma no nos asignamos ningún triunfo, y no reforzamos nuestros esfuerzos.

A modo de resumen, sería recomendable:
  • Identificar los pensamientos que no nos aportan emociones positivas, con la ayuda de las sensaciones corpóreas.
  • Tratar de realizar acciones placenteras o acciones para las que somos habilidosos.
  • Dedica unos minutos cada día a imaginar o recordar situaciones que te produzcan un estado de relajación o de placer.
  • Centrarnos en todos los aspectos positivos que nos rodean, que no son pocos: el amor de nuestra gente, lo bien que se me dan ciertas cosas, lo bien que me siento al hacer deporte, lo bien que me sienta el sol, lo bonito que me resulta un paisaje,...
  • Atribuirnos logros; reconoce tus éxitos, tus habilidades y recompénsate por ello, ¡te lo mereces!

miércoles, 17 de abril de 2013

Crisis de identidad



A menudo me encuentro con personas que tienen sentimientos de vacío, de estar desubicados, no encuentran su lugar y su función en el mundo. Son personas que en ese momento no entienden el significado de la vida, no le encuentran sentido. Estos sentimientos pueden ir acompañados de otros, como la soledad, la melancolía, la incertidumbre, etc.




Desde mi punto de vista, creo que esta situación puede enmarcarse en una crisis de identidad. Como explicó Erikson el proceso de construcción del yo (de nuestra identidad) es un proceso que dura toda la vida, es continuo. Y para un desarrollo sano del yo, las crisis deberán ser resueltas con éxito. La familia, las experiencias, las creencias, entre otras, tomará un papel importante en esta construcción.

¿De dónde vienen estas crisis de identidad?

Vienen dadas por situaciones que no sabemos cómo afrontar con nuestros recursos actuales o con nuestra forma de entender la vida en esos momentos. Necesitamos parar y replantearnos cómo vamos a afrontar a partir de ahora, no sólo ese acontecimiento sino, la vida en general. Estamos hablando de situaciones que conllevan pérdidas; una separación traumática, la pérdida de un ser querido, la pérdida de un empleo estable, dejar de estudiar y afrontar una nueva vida laboral, dejar la ciudad natal,... en definitiva afrontar cualquier tipo de pérdida de nuestra vida actual y afrontar una situación nueva
Todos, o la gran mayoría, habremos pasado por una crisis como esta en la adolescencia, en la que también se asume la pérdida de la protección familiar para hacer frente a una nueva forma de afrontar la vida, la autonomía. 
Seguro que rápidamente podemos asociar estas circunstancias a la actual crisis económica. La época que vivimos está provocando pérdidas en todos los ámbitos: laboral, social, lúdica, familiar, vivienda, etc. Estos cambios pueden suponer una amenaza a nuestra identidad, a la forma de entendernos a nosotros mismo y al mundo.

Desde la filosofía (existencialismo) se ha identificado esta situación con la crisis existencial desde la que se realizan preguntas del tipo: ¿qué hago yo aquí? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿de que sirve la vida si todos vamos a morir?

Nota positiva
De todo esto, cómo siempre, se puede extraer algo positivo: crisis significa cambio, y el cambio es una oportunidad que no podemos desperdiciar. Todas las nuevas situaciones ofrecen la posibilidad de crecer: valorarnos y conocernos, ponernos a prueba, explorar nuevos aspectos de nuestro ser que hasta ahora permanecían dormidos, ampliar enormemente nuestro abanico de habilidades, etc.

...pero ¡cuidado!

Sin embargo, si no sabemos gestionar nuestras emociones y nuestros pensamientos esta crisis de identidad puede derivar en depresión, ansiedad, estrés o una situación de desadaptación al medio.

¿Por qué hablo de las emociones? emoción y cognición van cogidas de la mano durante toda nuestra vida. Cada una influye a la otra. La manera en que yo me sienta (triste, enfadado, alegre, culpable, etc...) va a influir en nuestro autoconcepto, en nuestra autoestima, en las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

¿Cómo podemos reconducir este sentimiento?

Como si se tratara de un barco, tenemos que coger el timón y reconducir nuestro camino hacia la meta final; encontrarnos en el lugar dónde, a la vez que nos sentimos cómodos, somos capaces de desarrollar nuestras habilidades y vivir en plenitud. 

1. Necesitamos nuestra propia guía de valores: una buena técnica para saber qué es lo que realmente nos importa es preguntarnos cómo nos gustaría que nos recordaran cuando muramos.

2. Buscar y disfrutar de nuestras pasiones.

3. Es importante tener roles establecidos en la vida: el rol de madre, el de estudiante, el de profesional,...

4. Entender cuál es esa situación que ha hecho replantearte tu identidad y aceptar el cambio, integrarlo en nuestra vida. 

5. Conectar con lo que realmente se siente y comprometerse con los cambios, ser responsable de lo que uno siente.

viernes, 12 de abril de 2013

Fernando Pessoa

Hoy sólo quiero compartir una de mis frases preferidas:

"Llevo encima todas las heridas de las batallas que he evitado" Fernando Pessoa


A mí me recuerda lo importante que es enfrentarse a los miedos personales, de lo contrario arrastraremos cada día de nuestras vidas esa pesada losa y el sufrimiento que ello conlleva.

¿Qué significado le dais vosotros?

miércoles, 10 de abril de 2013

Dudas, preocupaciones e indecisión II

Vamos a centrarnos en los otros dos problemas, los que no se pueden modificar y los improbables.

2) Problemas no modificables 

Ante los problemas no modificables como la muerte de un ser querido, la separación de quién más queremos o el diagnóstico de una enfermedad, sólo nos queda la aceptación de la nueva situación. Esto no implica resignación, implica integración de los nuevos aspectos en nuestra vida y adaptarse saliendo fortalecido y aprendiendo de ello. Os remito al artículo sobre la resiliencia del que hablamos hace unos días.

3) Problemas improbables

La sociedad moderna ha ido desarrollando en las personas la ilusión de que podemos tenerlo todo bajo control y por ello vamos buscando que nada se nos escape, que todo esté en su sitio, ordenado y a nuestro alcance. Esto nos da poder, sensación de seguridad y de tranquilidad. Cuando esto es posible está muy bien... ¿pero podemos controlarlo todo? 
Este "deber" que nos han inculcado crea una gran angustia ante situaciones que se presentan "incontrolables" y genera intolerancia a la frustración (el otro gran mal de nuestra sociedad); un elemento que quebrante nuestra seguridad nos va a llevar inmediatamente a buscar otros elementos tranquilizadores, por ejemplo:

- Ante el miedo de no saber cómo voy a afrontar mi futuro (elemento inseguro), voy a tomarme un ansiolítico (elemento tranquilizador).
- Ante la inseguridad generada por tener que tomar la decisión adecuada (elemento inseguro), hiperracionalizamos (elemento tranquilizador), analizamos la situación una y otra vez aunque no terminemos nunca por a una conclusión .
- Ante la creencia de que no vamos a ser capaces de solucionar un problema (elemento inseguro), delegamos nuestra tarea en otra persona (elemento tranquilizador).
- Ante la incertidumbre que provoca una nueva situación (elemento inseguro), evitamos esa situación (elemento tranquilizador).

En estos casos nos encontrarnos ante situaciones mal planteadas, ¿hemos formulado bien la pregunta? Muchas veces tratamos de resolver una duda desde un planteamiento equivocado. Por ejemplo, ¿cómo puedo saber si actúe correctamente? ¿estoy realmente sano? ¿soy buena persona? Se trata de decisiones irresolubles. En este caso estamos partiendo de premisas equivocadas y, debido a nuestra baja tolerancia a la frustración, tratamos de buscar verdades tranquilizadoras, sin embargo como decía Esquirol "Desde premisas equivocadas, con una lógica estricta se llega a conclusiones erróneas". Estamos hablando de la duda patalógica de Giorgio Nardone. Él plantea que dejemos de buscar respuestas, es un proceso inútil que no nos va a llevar a nada. No debemos pretender "pensar en no pensar" porque produce exactamente lo opuesto a lo que deseamos (no pienses en el oso blanco).